Escrito por Juan Valles |

No puedo imaginar a unos judíos reaccionar como reaccionaron éstos. Aunque la Biblia me dice lo que intentaron hacer, no me puedo imaginar sus rostros. ¿Será odio? ¿Será impotencia? Inflamados por lo que oían estaban lejos de comprender el mensaje. Se toparon con Aquél que creó todas las cosas, pero vestido como uno de ellos. Se toparon con Jesús. Pero hay algo paradójico en todo esto: eran judíos que habían creído en él, ¿y con éstos se desató semejante debate? Juan nos dibuja la escena: “Les dijo, pues, Jesús: Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces conoceréis que yo soy (Jn 8:27). Esto es una profecía que muestra su Identidad. Cuando Jesús sea levantado sabremos que Él Es. ¿Qué significa “Yo Soy”? Todo el contexto nos muestra a Jesús hablando de su filiación divina, sin cesar de hacer mención de su única relación con el Padre. El verso 29 nos crea un leve problema: “Al hablar él estas cosas, muchos creyeron en él.” ¿Es problema que crean en Él? No. El problema es que los que creyeron en él fueron los que discutieron con él, a tal punto que quisieron apedrearle. Así somos los humanos.
De ahí en adelante comienza lo impredecible. Jesús comienza a mostrar sus exigencias, y las mismas que les declara a ellos nos las dice a nosotros: “Si vosotros permanecéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres. (v. 30,31)
La actitud de los judíos debió ser de completa aceptación ante Jesús, y confiar a su palabra. Pero no les gustó lo que dijo Jesús, y no entendieron la libertad a que Jesús les llamaba. No creían que eran esclavos de nada ni nadie, y respondieron: “Descendientes de Abraham somos y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: "Seréis libres"?
De ahí parte el conflicto: unos hombres orgullosos que no entendieron la Palabra de Salvación frente a Dios. Los hombres pueden gritar y hacer lo que les parezca, pero Dios es Dios, y no se retracta. ¿Le parece familiar esta escena? ¿Se ha visto usted en la misma situación al no comprender a Dios y acusarle? Todo el contexto muestra un debate entre la identidad de Jesús y sus reclamaciones y la concepción de Dios de los judíos que habían creído en él. El punto culminante de todo esto llega en el verso 56 cuando Jesús se aproxima a estallar la bomba sobre su identidad. Aquí les dice: “Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.”
Con esto Jesús llevaba los pensamientos de los judíos a lugares no habitados por ellos; y respondieron a las primeras. Jesús, al ver que no entendieron, fue más explícito: “De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.” (v.58).
Hasta aquí llegó todo. Es preciso hacer un alto. Se detuvieron los pastores que paseaban a lo lejos. Los niños judíos que jugaban se detuvieron de pronto. La madre hija que venían de buscar agua corrieron apresuradamente. Alguien volteó la mirada adonde yacen las piedras más grandes. La brisa dejó de soplar y pronto los judíos comenzaron a sudar en sus frentes. ¿Por qué? La palabra que Jesús usa aquí es el griego “eimi” que significa “ser”, pero es una palabra donde el tiempo no interviene, y significa literalmente que siempre ha sido, siempre es, expresando eternidad y la absoluta Deidad de Cristo. No hay un momento en que Jesús haya comenzado a ser, pues siempre ha sido, es eterno. En Hebreos se nos dice que “Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos.” (Heb 13:8) Es la misma expresión con que Jehová se reveló a Moisés en Éxodo: “ Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY". Y añadió: -Así dirás a los hijos de Israel: "Yo soy me envió a vosotros". (Ex 3:14) En otras palabras, Jesús les dijo que era lo mismo que el Jehová que le habló a Moisés!
Por eso, aunque me esfuerce en intentar imaginar la reacción de los judíos, no puedo. Las declaraciones de Jesús fueron determinantes, y tanto, que lo único que pudieron hacer estos judíos fue que “Tomaron entonces piedras para arrojárselas” pues estaban listos en ejecutar la ley por blasfemia (ver Jn 10:31).
Es posible que no entendamos a nuestro Dios. Es posible, como se ha visto tantas veces, que en nuestro error tratemos de justificarnos ante el Señor alegando quienes somos sin importar lo que diga Él de nosotros. Jesucristo es el Gran Yo Soy, es el Alfa y Omega, el Todopoderoso. No rechacemos pues las exigencias de Aquél que nos amó hasta lo sumo. Nunca sabremos más que Dios. Y el carácter de su nombre nos debe dar la confianza necesaria para saber que sigue siendo como siempre ha sido, que nunca dejará de tener misericordia de nosotros. Dejemos pues, que haga en nosotros, lo que hizo con los apóstoles... es el mismo Dios.

No puedo imaginar a unos judíos reaccionar como reaccionaron éstos. Aunque la Biblia me dice lo que intentaron hacer, no me puedo imaginar sus rostros. ¿Será odio? ¿Será impotencia? Inflamados por lo que oían estaban lejos de comprender el mensaje. Se toparon con Aquél que creó todas las cosas, pero vestido como uno de ellos. Se toparon con Jesús. Pero hay algo paradójico en todo esto: eran judíos que habían creído en él, ¿y con éstos se desató semejante debate? Juan nos dibuja la escena: “Les dijo, pues, Jesús: Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces conoceréis que yo soy (Jn 8:27). Esto es una profecía que muestra su Identidad. Cuando Jesús sea levantado sabremos que Él Es. ¿Qué significa “Yo Soy”? Todo el contexto nos muestra a Jesús hablando de su filiación divina, sin cesar de hacer mención de su única relación con el Padre. El verso 29 nos crea un leve problema: “Al hablar él estas cosas, muchos creyeron en él.” ¿Es problema que crean en Él? No. El problema es que los que creyeron en él fueron los que discutieron con él, a tal punto que quisieron apedrearle. Así somos los humanos.
De ahí en adelante comienza lo impredecible. Jesús comienza a mostrar sus exigencias, y las mismas que les declara a ellos nos las dice a nosotros: “Si vosotros permanecéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres. (v. 30,31)
La actitud de los judíos debió ser de completa aceptación ante Jesús, y confiar a su palabra. Pero no les gustó lo que dijo Jesús, y no entendieron la libertad a que Jesús les llamaba. No creían que eran esclavos de nada ni nadie, y respondieron: “Descendientes de Abraham somos y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: "Seréis libres"?
De ahí parte el conflicto: unos hombres orgullosos que no entendieron la Palabra de Salvación frente a Dios. Los hombres pueden gritar y hacer lo que les parezca, pero Dios es Dios, y no se retracta. ¿Le parece familiar esta escena? ¿Se ha visto usted en la misma situación al no comprender a Dios y acusarle? Todo el contexto muestra un debate entre la identidad de Jesús y sus reclamaciones y la concepción de Dios de los judíos que habían creído en él. El punto culminante de todo esto llega en el verso 56 cuando Jesús se aproxima a estallar la bomba sobre su identidad. Aquí les dice: “Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.”
Con esto Jesús llevaba los pensamientos de los judíos a lugares no habitados por ellos; y respondieron a las primeras. Jesús, al ver que no entendieron, fue más explícito: “De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.” (v.58).
Hasta aquí llegó todo. Es preciso hacer un alto. Se detuvieron los pastores que paseaban a lo lejos. Los niños judíos que jugaban se detuvieron de pronto. La madre hija que venían de buscar agua corrieron apresuradamente. Alguien volteó la mirada adonde yacen las piedras más grandes. La brisa dejó de soplar y pronto los judíos comenzaron a sudar en sus frentes. ¿Por qué? La palabra que Jesús usa aquí es el griego “eimi” que significa “ser”, pero es una palabra donde el tiempo no interviene, y significa literalmente que siempre ha sido, siempre es, expresando eternidad y la absoluta Deidad de Cristo. No hay un momento en que Jesús haya comenzado a ser, pues siempre ha sido, es eterno. En Hebreos se nos dice que “Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos.” (Heb 13:8) Es la misma expresión con que Jehová se reveló a Moisés en Éxodo: “ Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY". Y añadió: -Así dirás a los hijos de Israel: "Yo soy me envió a vosotros". (Ex 3:14) En otras palabras, Jesús les dijo que era lo mismo que el Jehová que le habló a Moisés!
Por eso, aunque me esfuerce en intentar imaginar la reacción de los judíos, no puedo. Las declaraciones de Jesús fueron determinantes, y tanto, que lo único que pudieron hacer estos judíos fue que “Tomaron entonces piedras para arrojárselas” pues estaban listos en ejecutar la ley por blasfemia (ver Jn 10:31).
Es posible que no entendamos a nuestro Dios. Es posible, como se ha visto tantas veces, que en nuestro error tratemos de justificarnos ante el Señor alegando quienes somos sin importar lo que diga Él de nosotros. Jesucristo es el Gran Yo Soy, es el Alfa y Omega, el Todopoderoso. No rechacemos pues las exigencias de Aquél que nos amó hasta lo sumo. Nunca sabremos más que Dios. Y el carácter de su nombre nos debe dar la confianza necesaria para saber que sigue siendo como siempre ha sido, que nunca dejará de tener misericordia de nosotros. Dejemos pues, que haga en nosotros, lo que hizo con los apóstoles... es el mismo Dios.



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